Silvio Rodríguez cantarà als EEUU després de 30 anys

Entrevista de Rosa Miriam Elizalde en CUBADEBATE

“No ha sido sólo romper el bloqueo lo que me ha motivado…”

El jardín de Sara. Foto: Kaloian

Silvio. Foto: Kaloian

Silvio Rodríguez se va de gira a Puerto Rico y Estados Unidos. No es la primera vez que visita ambos países -se niega a considerar el territorio boricua predio norteamericano-, pero esta vez los primeros ecos del viaje aparecieron como en sordina, hasta que el New York Daily News desenterró la noticia: en el Carnegie Hall se presentará el trovador el próximo 4 de junio.


Silvio, “una leyenda de la música cubana”, lo llamaría el Daily, para remarcar que solo mitos vivientes pasan por ahí. Y no es una exageración. En el escenario de Carnegie Hall han cantado Benny Goodman, Judy Garland, Shirley Bassey, James Gang, Nina Simone, Stevie Ray Vaughan… Los Beatles, en 1964. Y The Beach Boys, Pink Floyd, Bob Dylan. Buena Vista Social Club tocó el 1 de julio de 1998. Cuando la industria musical estadounidense cerró filas con el macartismo, la mítica banda The Weavers, en la que cantaba Pete Seeger, se vio obligada a disolverse en 1952. Los músicos de The Weavers se reunieron nuevamente en el Carnegie Hall, en 1955, y en 1980 repitieron el encuentro en el mismo teatro, lo que sirvió de tema al famoso y premiado documental Wasn´t that a time.

Gira confirmada, Carnegie Hall, Puerto Rico, el hecho de que hace rato no lo vemos en conciertos, la excelente acogida de su Segunda Cita… Un notición y unos inevitables deseos de hacer preguntas: “Yo te las contesto con gusto, tírame de lo que te apetezca. No te demores”, dijo Silvio a vuelta de correo electrónico. Las respuestas llegaron pocas horas después.

-¿Cuál es el programa, quiénes te acompañan y qué repertorio presentas? ¿Habrá Segunda Cita?

-Irán conmigo mis compañeros de escena desde hace más de un lustro: el trío de cuerdas pulsadas Trovarroco, el baterista y percusionista Oliver Valdés, y Niurka González en la flauta y el clarinete. Habrá momentos en que  también diré algo sólo con mi guitarra. Necesariamente tendré que hacer un recorrido por todas mis épocas porque hace 13 años que no voy a Puerto Rico y 30 que no piso suelo de los Estados Unidos. En el repertorio decidí incluir tres temas de “Segunda Cita“: Sea señora, Carta a Violeta ParraDemasiado. Con nosotros también irá el personal de sonido y producción que siempre me acompaña en mis presentaciones. Estamos ensayando, a la espera de la visa.

–En tu viaje a Estados Unidos en 1978 escribiste dos canciones, “Leyenda”, dedicada a la Brigada Antonio Maceo, y “Tu imagen”, evocación de un amor ausente que todo silviomaniaco se sabe de memoria. ¿Por qué esas canciones allí y no en otra parte?

-La Brigada Antonio Maceo, compuesta por jóvenes cubanos emigrados, algunos víctimas de la operación Peter Pan, y la brigada Venceremos, de norteamericanos, fueron los responsables de aquella primera visita mía. Mi cercanía con los jóvenes cubanos, muy entusiastas por cierto, hizo salir “Leyenda”. Era el verano de 1978 en Nueva York. Aquellos días los pasé en un edificio de apartamentos del East Side, donde vivía mi hermana María, por entonces esposa de nuestro embajador ante la ONU, Raúl Roa Kourí. Tras aquellas ventanas que miraban al Hudson compuse las dos canciones. “Tu imagen” apareció una mañana, al despertar, y se refiere a una historia imposible de aquellos días neoyorkinos.

-¿Qué recuerdas del viaje que hicieron Pablo Milanés y tú en 1980 a ese país? ¿Imaginaste que regresarías después de tres décadas?

-Era febrero y se decía que hacía 50 años que no nevaba tanto. Yo pensé que en los países fríos pasaba lo mismo que en los calurosos: en Cuba es común escuchar que semejante calor no se ve desde tal año. Pero lo cierto es que la noche que íbamos a cantar en la Brooklyn Academy of Music (BAM) la nieve nos retrasó dos horas. En la Universidad de Massachusetts, donde compartimos programa con la banda de Duke Ellington, había un frío espantoso.  Igual en Poughkeepsie, el pueblo de Pete Seeger. También recuerdo que le hicimos una visita a la viuda y los hijos de Orlando Letelier. Además conocimos a los hijos de los esposos Rosenberg, que continuaban reivindicando la dignidad de sus padres. El Museo del Aire de Washington es maravilloso. Y en Nueva York el Metropolitan y por supuesto el MOMA, donde vi el Guernica, de Picasso, y La Jungla, de Lam. Y, para que te rías, el “Superman” de Steve Reeves, que acababan de estrenar, lo vi con una bolsa de rositas de maíz en una mano y una Coca-Cola en la otra. Como por entonces fui dos veces casi seguidas a los Estados Unidos (eran tiempos de Carter), no imaginaba que en el futuro sería tan difícil. Y eso que por entonces yo era más ácido políticamente que ahora.

-Según el libro de Joseba Sanz*, la prensa de Nueva York recogió estas declaraciones tuyas a propósito de las razones que te llevaron en 1978 a Estados Unidos: “Contribuimos a romper el bloqueo, no solo económico y comercial, sino cultural, que Washington impuso a Cuba”. Ante la misma pregunta que provocó esa respuesta, ¿qué dirías hoy, 32 años después?

-Tanto aquellas veces como esta, no ha sido sólo romper el bloqueo lo que me ha motivado. Los Estados Unidos es uno de los países más mitológicos del mundo y, para colmo, nos queda sólo a 120 kilómetros y como sabemos está muy presente en nuestras vidas. Todo eso lo hace más que interesante, y yo no soy más que un simple mortal. Por otra parte, cada vez hay más gente que piensa que el bloqueo debe terminar y cada cual empuja un poquito como puede, desde donde está. Es un empuje que se hace desde muy diversos puntos de vista, pero sin dudas hay una coincidencia entre los que aparentemente sustentan posiciones políticas encontradas. Yo creo que el fin del bloqueo va a significar bienestar no sólo para los cubanos sino también para el mundo, porque ese acto sigue siendo una de las agresiones más inexplicables que arrastra la Historia desde el siglo pasado. Y, por supuesto, creo que los gobernantes norteamericanos van a sentir mucho alivio cuando al fin puedan deshacerse de esta zona de su propia intolerancia.

– Hay una leyenda muy conocida en Nueva York que reza: “Quien canta en el Carnegie Hall está parado en la Historia, anclado por la excelencia”.  Pero esto me recuerda también una frase de Mario Benedetti: “Silvio nunca será un mito; no viaja con su pedestal a cuestas”. ¿Cómo te presientes en ese escenario?

-La primera vez que estuve en Nueva York pasé frente al Carnegie Hall. En la escalinata estaba sentado un joven flautista, leyendo en un pequeño atril lo que me pareció música de Mozart. Había tal delicadeza en su ejecución y en su sonido que pensé: “Este debiera estar tocado allá adentro”. Quizá él se ubicó en aquel sitio para que los transeúntes pensáramos así, pero sin dudas era bueno. Desde hace más de 30 años, a veces, me pregunto qué habrá sido de aquel muchacho. Ojalá lo haya conseguido, ojalá siempre todos consigamos lo que merecemos, sin que esto quiera decir que sólo los premiados son buenos. Lo que soy yo, en cualquier escenario me verás ocupado en las cosas de siempre: que los músicos nos escuchemos bien para poder tocar comunicados, y que el público escuche lo que esperamos que se escuche.

-Te encontrarás con unos Estados Unidos sacudidos por la Ley Antiinmigrante de Arizona, por la patética cofradía del Tea Party, por una bomba de mentiritas que desactivaron la semana pasada en Manhattan, por un Wall Street  tan débil que casi colapsa este jueves tras una simple falta de ortografía… Lennon aparte, ¿cuánta utopía está definitivamente rota en ese país y cuánto de imaginación?

-Lo de Arizona ha despertado la repulsa universal y con mucha justicia. Poner cualquier tipo de bomba en Nueva York me parece una salvajada inadmisible, e igual me parece ponerlas en Bagdad, en Moscú o en La Habana. Es cierto que el capitalismo parece tambalearse, aunque los que saben de economía suelen decir que todavía se va a recuperar. No sé si estaré diciendo una barbaridad, pero pareciera que el non plus ultra del capitalismo, la especulación bolsística, tiende a desarrollar una especie de cáncer autodestructivo. Hay un economista catalán, Santiago Niño-Becerra, que dice que el sistema está agotado y que sin dudas se viene abajo.

-¿Has valorado presentarte en la Florida? ¿Aceptarías una invitación para actuar en Miami?

-Puede que actuemos en algún lugar de Florida, pero no tenemos previsto Miami. Sé que la mayoría de los cubanos que viven allí no son como se manifiestan sus medios y por eso lo lamento.

– Esta gira comienza en Puerto Rico, ¿otra vez con Roy Brown?

-Bueno, si Roy u otro compañero quiere participar, por mí es bienvenido. Hasta ahora estamos preparados para asumir completamente los conciertos, pero no es descartable que se nos sumen voces. Por ejemplo, si vamos a alguna ciudad de Florida, yo invitaría a mi viejo compañero de trova Carlos Gómez, que vive y canta por allá.

-Dijiste que cuando pensabas en Puerto Rico, no veías una Isla, sino otra cosa. ¿Qué exactamente?

-No recuerdo eso. Lo que sí dije hace poco es que en mis correos tengo a Puerto Rico entre los países Latinoamericanos y a Estados Unidos en su propio file.

-En tus canciones inéditas de la década del 60 que publicaste en el Cancionero (2008), está “Defensa del trovador” con una angustiosa confidencia: “…cantar es difícil/ porque hay que querer la verdad/ mucho más que a la misma canción”. ¿Le sigue siendo difícil cantar a Silvio Rodríguez?

-Para empezar, cantar es difícil porque significa hacer algo que considero excepcional, al menos en mi caso. La confidencia que mencionas muestra qué tempranamente había comprendido que yo cantaba no por emitir sonidos sino por tener algo que decir. Obviamente asumir aquello tenía un coste. La parte angustiosa es porque sugiere consecuencias de cantar lo que no gustaría ser escuchado. Esta es una canción que hice a los 22 años. La trova que yo hacía entonces no voy a decir que fuera épica, pero sí riesgosa. Mucho más riesgosa que la que pudiera hacer cualquier sesentón con cierto éxito. A quienes les resulta difícil cantar hoy es a muchachos como Los Aldeanos y Silvito el libre. Es probable que necesiten profundizar en algunos sentidos, pero me parece imprescindible empezar por defender su derecho a expresarse. Precisamente porque me identifico con el Silvio de los 60.

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