Egipto: Fin de la primera temporada

El fin.

La teatral renuncia del presidente egipcio y el desplazamiento tanto de El Baradei como del vicepresidente Suleimán, parecen formar parte de la concertación para administrar la crisis y evitar el derrumbe. La estrategia es clara: sacrificar un peón menor para preservar al Estado. Cuando estuvo claro que la suerte de Mubarak estaba echada, lo principal era apuntalar al sistema y el ejército, en el Tercer Mundo la principal institución del Estado, se convirtió en el fiel de la balanza.

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Mohamed el-Baradei

No obstante, la partida de Mubarak más que el final es el comienzo de un proceso político cuya evolución, para Estados Unidos, es de pronóstico reservado, entre otras cosas por la presencia de factores que escapan a su control, entre ellos: las masas, los mandos intermedios del ejército y las organizaciones islámicas.

Los países islámicos son 25, veintidós árabes más Turquía, Irán y Afganistán. Lo que está en juego no es un país, sino un reajuste político regional que puede salirse de las madres y desencadenar el temido conflicto de civilizaciones.

No obstante lo delicado de la situación, nadie debe creer que Washington carece de margen de maniobra: las

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Hermanos Musulmanes الإخوان المسلمون Al-Ikhwān Al-Muslimūn

masas son susceptibles de radicalizarse aunque también pueden ser neutralizadas; los oficiales jóvenes pueden retomar el enfoque patriótico/nacionalista de Nasser, cosa que no es necesariamente incompatible con el sistema.

Donde parece ubicarse el “nudo gordiano” es en tratar de impedir que los Hermanos Musulmanes asuman posiciones influyentes.

Obviamente no se trata de cuestiones de fe o de cultura, sino de fenómenos históricos, tan antiguos como las Cruzadas, el fin de la dominación otomana que no condujo a la liberación árabe y conllevó a la introducción del laicismo en el mundo islámico por Kemal Atartürk que proclamó la república, puso fin al califato y al poder teocrático, a la dominación colonial anglo-francesa y al error estratégico que significó el derrocamiento de Muhammad Mossadeg, una oportunidad perdida para introducir la democracia liberal en el Medio Oriente.
La restauración de la monarquía en Irán y la entrega del poder al sha Muhammad Reza Pahlavi abrió el camino al ayatola Ruhollah Jomeini. A la luz de esa experiencia, más que a los nacionalistas y los reformistas, Estados Unidos teme a las proyecciones políticas de las organizaciones islámicas y las dimensiones panárabes de esa fe.

Así como el cristianismo ejerce un liderazgo espiritual en occidente, el Islam lo hace en el Medio Oriente y África del Norte, con la diferencia de que hace 250 años los cristianos acataron la separación del Estado y el clero, mientras que elementos radicales del islam trabajan por unirlos. No se trata de que el Islam, que es la fe legítima de aproximadamente mil millones de personas, sea una religión mejor o peor que otras, sino de la proyección política de algunas de sus corrientes. Según un vocero: “El islam es religión y es Estado, libro y espada, el islam es una forma de vida”.

Con unos 100 años de existencia (unos 1300 menos que el islam), los Hermanos Musulmanes, entidad fundada en Egipto entre 1920 y 1930, por un maestro de escuela llamado Hassan el Banna, es la mayor y más influyente organización islámica con presencia en todo el mundo árabe, el Magreb y África del Norte.

Frente a la ocupación británica la Hermandad Musulmana fue un proyecto liberador; mientras que, ante el laicismo de Atartürk asumió posiciones conservadoras aspirando a la restauración del califato y el sultanato. Cuando junto a otras fuerzas árabes se vinculó a la causa palestina e intervino en la confrontación militar contra Israel, adquirió una preparación, una presencia y un perfil incomodo para los gobiernos árabes.

En realidad, no es común que los estados toleren la existencia de organizaciones armadas que actúen por su cuenta. La posición beligerante de los Hermanos Musulmanes en Egipto llevó a su ilegalización cuando Nasser daba sus primeros pasos y más adelante, determinadas actitudes e incidentes de naturaleza política, dieron lugar a desencuentros que provocaron la represión de la Hermandad que adoptó diversas estrategias de supervivencia, incluyendo cierta moderación confesional y la renuncia a la violencia como método de lucha.

Aunque los Hermanos Musulmanes son de confesión suní, cosa que los distingue, los distancia y circunstancialmente puede oponerlos a los chiitas; el triunfo de aquellos en Irán y el establecimiento de un poderoso estado islámico, obró a favor de un relanzamiento, no sólo de los Hermanos Musulmanes sino de otras organizaciones islámicas, entre ellas el Talibán, Hezbolá y Hamas que han llegado al poder en Afganistán, Gaza y más recientemente en el Líbano.

A todo ello se suma la errónea estrategia desplegada por las administraciones del presidente George W Bush que, a partir del 11/S, que no hacen las debidas distinciones entre organizaciones terroristas como Al-Qaeda y otras entidades islámicas que procuran alcanzar sus objetivos confesionales y políticos por vías legítimas. Como era de esperar la islamofobia provocó actitudes defensivas equivalentes al ataque y que, al desplegarse sobre un fondo histórico con antecedentes sumamente violentos, condujo a tensiones que pudieron ser evitadas.
Estados Unidos no teme tanto a los gobiernos nacionalistas o reformistas con los que puede lidiar en el mundo árabe, pero rechaza con violencia a todo lo que cuestione su hegemonía. No se trata de preocupaciones por los pueblos árabes ni de rechazo a las prácticas del Islam sino de intereses imperiales; ya una vez Bush declaró que de ser necesario enviaría tropas a Dinamarca.

Por otra parte se afirma que las preocupaciones acerca del pretendido extremismo de los Hermanos Musulmanes egipcios son injustificadas, pues en sus filas dominan los sectores moderados proclives a experiencias como las de Turquía que, sin desmentir la fe musulmana, forma parte de la OTAN y aspira a ingresar a la Unión Europea.En todas partes cuecen habas.

Más de medio siglo después de que los jóvenes oficiales derrocaran al rey Faruk, los militares vuelven al poder en la tierra de los faraones donde, de un modo incruento el pueblo, no sólo se ha puesto fin a un régimen impopular, sino que puede haber abierto el camino para la integración del mundo árabe a la era global; es exactamente lo que quiere Estados Unidos. Mañana les cuento.

Font: CUBADEBATE

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