Buena Fe: “De frente a la canción”

L’opinió de Marta Valdés

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Concierto de Buena Fe dedicado al cine en el Pabellón Cuba.

Dos veces en una semana, dos domingos seguidos, he tenido frente a frente al dúo Buena Fe. La primera,  en el programa Entre manos, del Canal Habana; la segunda, hace unos pocos minutos, en el espacio Paréntesis, del Canal Educativo 2, que trato de no perderme jamás. Llegado el momento de los créditos finales, decidí dejar para otra ocasión el tema que tenía previsto para este espacio que agradezco tanto a Cubadebate y poner manos a la obra ante las ganas inmensas que he sentido de dejar por escrito algunas impresiones.

A lo largo de esa década y un poco más de labor a dúo que conmemoran Israel y Joel, me fueron llegando señales de su existencia por comentarios llenos de ánimo, atendiendo a “las cosas que dicen”; cuando los escuchaba, de paso, percibía un canto que nadie antes había puesto sobre el tapete, diciendo -es cierto– cosas que correspondían exactamente al modo de sonar que enarbolaban, uno de los más gratos a mi oído, entre todos los que pueblan el mundo de la radio y la televisión. Ellos, por voluntad propia, llegaban hechos, sin un desperfecto, sin una brecha por donde pudiera colárseles el óxido. Eran ráfagas, eran ramalazos -para ser más precisa- sin embargo, lo que me llegaba de ellos, siempre tomados -con vista al trabajo de imagen– de abajo hacia arriba, siempre inclinados como si se fueran a caer, creando en el ánimo de una señora de la tercera edad como soy, la impresión de que lo mejor sería no estar sentada sino acostada en el piso al lado del televisor, mirando la pantalla al revés a ver si el movimiento y los reflejos me permitían concentrarme en aquello que tanto me interesaba, en aquella voz diciendo tan claro cosas que no están viradas ni necesitan efectos de luces para iluminarnos el sentido.

No había pensado en el disco –lo confieso: no sabría por cuál de las producciones empezar. La tarde de Entre manos recibí, con alivio, una impresión definida ante aquel par de personas sencillas, sin andaribeles o sin ese otro extremo que es el desaliño posado. Dos cubanos, cada cual a su modo, encaramados en la verdad. Fue en aquella ocasión cuando –en las palabras de Israel- pude apreciar, por primera vez y como pocas veces lo he percibido en un creador, hacer gala de esa precisión suya de relojero, que le asiste en el propósito de definir lo que quiere lograr con su arte. A dos voces, cada uno por su cuenta, según iban manifestando una a una sus razones,  hacían posible el milagro de la expresión verbal sólida y clara. Luego conocí la canción que da título al disco π 3.14 (¿puede ser?) Y fue, al final, cuando me pareció escuchar aquella frase definitoria de los propósitos del dúo (no creo haberla inventado): “de frente a la canción”

Esta noche, otra vez sentados en unas banquetas, igualmente impuestos de una sobriedad y sencillez a todo lujo, sin que parezca que nos van a caer encima desde una plataforma donde sus cabezas son fustigadas con luces cegadoras o desde donde, en cualquier momento emprenderán un vuelo de superhombres, depositaron sus razones en nuestras manos, apostaron por “la canción de pensamiento” (una vez más la precisión del relojero), reconocieron en la sociedad a la madre de su arte. ¿Qué otra cosa podemos hacer sino abrirnos a ellos?

Almendares, 18 de diciembre de 2011

Font: CUBADEBATE

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